Traza el azimut y la altura solar con una brújula fiable, una app gratuita o un heliógrafo impreso, y observa cómo se proyectan sombras reales sobre tus fachadas. Repite en equinoccios y solsticios. Fotografía horarios. Así comprendes variaciones, deslumbramientos, ganancias térmicas y oportunidades de luz amable para cada estancia.
Identifica qué recibe la fachada sur en invierno y cómo se sobrecalienta la oeste en tardes de verano, especialmente en latitudes templadas del hemisferio norte; invierte criterios si estás en el sur. Evalúa la norte por su luz uniforme. Equilibra uso de espacios según tareas, privacidad y horarios familiares.
Revisa árboles existentes, muros medianeros, aleros vecinos y la dirección predominante del viento. Un jacarandá caducifolio puede regalar sombra perfecta en verano y sol en invierno, mientras un muro alto bloquea brisas nocturnas. Ajusta ubicaciones de ventanas, alturas y aperturas para colaborar con ese microclima específico.
En verano, cierra durante las horas calientes, sombrea exteriormente y ventila a partir del atardecer para purgar calor acumulado. En invierno, deja entrar sol matinal, ciñe cortinas térmicas al anochecer y evita infiltraciones. Coordina horarios familiares para no romper esa estabilidad ganada.
Ubica aberturas opuestas y a diferentes alturas para aprovechar presión y succión naturales. Entreabre puertas interiores estratégicamente y despeja recorridos del aire. Una ventana alta que libera aire caliente acelera el tiro. Medir con humo o cintas ayuda a ajustar la dirección del flujo.
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